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Los Lavaderos de Jojutla son un conjunto de lavaderos públicos construidos alrededor de 1820–1830. Durante generaciones, cada mañana y cada tarde las mujeres llegaban con canastas y cubetas a lavar la ropa, lo que los convirtió en uno de los primeros centros de socialización del mundo rural de la región.
En tiempos de escasez, cuando no había agua potable en las casas, la gente acudía a estos lavaderos —alimentados por el agua que provenía de la Alameda— y se bañaba también en el río Apatlaco. El manantial dejó de correr hacia los años noventa y, con la llegada del agua entubada, los lavaderos cayeron en desuso desde finales de los años setenta.
Más allá de su función práctica, fueron durante décadas un punto de encuentro donde se fortalecía la convivencia familiar y comunitaria. Hoy se reconocen como parte de la historia y la identidad de Jojutla; la Fundación Hogares ha impulsado su rehabilitación como patrimonio cultural.