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La devoción central del sur de Morelos gira en torno al Señor de Tula, un Cristo crucificado de color negro cuya leyenda se remonta a 1722. Según la tradición, la imagen fue hallada dentro de un árbol del que brotaba sangre y, tras varios traslados entre Tlaquiltenango y Jojutla, quedó finalmente en esta ciudad, donde se celebró su primera fiesta en 1723.
El recinto albergaba una capilla del siglo XVIII dedicada a San Miguel Arcángel, patrono de la ciudad. En el sismo del 19 de septiembre de 2017 el campanario se agrietó y se desprendió, y segundos después el ábside se derrumbó. Los estudios estructurales determinaron que el inmueble debía demolerse y proyectarse de nuevo.
La reconstrucción estuvo a cargo de los despachos Dellekamp/Schleich y AGENdA Agencia de Arquitectura. El nuevo santuario se resuelve con una gran cubierta de bóvedas de ladrillo sostenida por una estructura de concreto colado en sitio, que se apoya solo en las esquinas e integra las ruinas del antiguo templo. La primera misa en el nuevo recinto se celebró en febrero de 2020 y el proyecto ha sido ampliamente publicado en medios internacionales de arquitectura.
La Feria del Señor de Tula, en torno al 1 al 10 de enero, es la festividad religiosa más importante del municipio; en 2022 se conmemoraron los 300 años de la devoción.